Mensaje de Monseñor Jose Rafale Quirós: Compromiso bautismal del joven

Mons. José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo Metropolitano

Con la celebración de la fiesta del Bautismo del Señor, el pasado domingo, además de concluir el tiempo litúrgico de la navidad, se nos brindó una extraordinaria ocasión para redescubrir la gracia en nuestras vidas, para mantener vivo y actualizado el recuerdo de nuestro propio bautismo, pues es ahí donde están “las raíces de nuestra vida en Dios”.

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Efectivamente, “Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva.”

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Por el sacramento del bautismo también recibimos la gran dignidad de ser hijos de Dios” pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo:”

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Asimismo, al ser constituidos en miembros de la Iglesia, cada uno de los bautizados es llamado a convertirse en un agente evangelizador

Cuya experiencia personal de encuentro con

Cristo Resucitado le impulsa a comunicar la buena nueva a los otros. Transmitimos a los demás la alegría del encuentro con Dios, de hecho, “la primera motivación para evangelizar es el amor de Jesús que hemos recibido”.

4 A pocos días de iniciar la Jornada Mundial de la Juventud, Panamá 2019, quiero reflexionar sobre el Bautismo como fuente de vocación y de misión de los jóvenes cristianos para recordarles que ellos “no son meramente destinatarios de la acción pastoral, sino miembros vivos del único cuerpo eclesial, bautizados en los que vive y actúa el Espíritu del Señor. Contribuyen a enriquecer lo que la Iglesia es, y no solo lo que hace. Son su presente y no solo su futuro.”

5 Si bien nos inquieta el distanciamiento y la indiferencia hacia la fe de muchos jóvenes bautizados, constatamos con gozo como muchos otros redescubriendo “la semilla de la fe” que fue sembrada en sus corazones, hoy quieren fortalecerla y hacerla fructificar, asumiendo la misión de “confesar a Cristo” con su vida y su palabra, siendo testigos fieles en toda circunstancia.

Ellos con su testimonio prueban que vida Cristiana no es sinónimo de apatía o de aburrimiento, ni es cuestión de edad. Asumiendo con valentía el reto de vivir la alegría del Evangelio en la vida cotidiana, a saber, en sus centros de estudio, lugares de trabajo y hasta en el propio hogar y, a pesar de los obstáculos con que enfrentan el desafío de creer y de crecer en su pertenencia a la Iglesia, renuevan, de forma continua su compromiso y adhesión al Señor.

Ellos han descubierto que la alegría es un don del Espíritu y, como María, la joven de Nazaret agradece al Señor por la obra que ha hecho en sus vidas pues “quien deja entrar a Cristo no pierde nada, nada absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No! Sólo con esta amistad se abren las puertas de la vida. Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana”.

Que el regalo de la fe que todos hemos recibido en el bautismo, sea fortalecido por ustedes jóvenes en estos días de la JMJ. No dejen infecunda la semilla que ha sido depositada en ustedes, sean por su seguimiento de Jesús como discípulos y por su testimonio de vida, “centinelas del mañana” como los llamó San Juan Pablo II. Que el mismo Señor sea quien les fortalezca para seguir optando por quien da sentido a sus vidas.