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En busca de dar el mejor servicio el Restaurante de la Alegría cuenta con una nueva zona de atención donde puede compartir con sus amigos y  familia del rico y variado menú.

El Restaurante tiene un horario de 24 horas jornada contínua los 7 días de la semana. Tiene en su menú la especialidad de olla de carne, pollo asado y frito, gallo pinto y demás comidas tradicionales así como comidas rápidas: hamburguesas, nachos, papas, entre otras más.

Las Obras del Espíritu Santo  administra el Restaurante donde por cada plato de comida que se vende se puede donar uno en el comedor que atiende cerca de mil personas en alto riesgo social, diariamente. Esto como una de sus areas comerciales que le permiten dar sustento a la obra social.

Para más información puede comunicarse al Restaurante al 2226 87 10 o al 2286 1717 .

 

Gracias a Plaza Ferias por su colaboración

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Cada sábado cuando a los niños de Santa Rita, del precario El Infiernillo de Alajuela podemos darle almuerzo, cuando cada miércoles por la noche en la zona roja de Alajuela podemos brindar alimento a los que lo necesitan es cuando se hace presente la ayuda de muchas personas colaboradoras que nos han donado los alimentos para poderlos preparar y llevarlos a los más necesitados.

Es por eso que este sábado nos hicimos presentes en Plaza Ferias Alajuela para darles las gracias a cada agricultor, vendedor, y empresario que se ha solidarizado en atención a la niñez y personas en alto riesgo social y pobreza extrema.

En un recorrido por los pasillos el Padre Sergio, les bendijo y junto con su personal les compartió de lo que también recibimos y sabemos que será de bendicón ´para sus familias.

Personal y voluntarios de la Filial de Alajuela cada sábado solicita la colaboración con la donación de frutas y verduras para poder seguir atendiendo  a más de 2 mil personas semanalmente.

La Filial Alajuela de las Obras del Espíritu Santo tiene 9 años de estar presente dando antención a niños, mamás con niños e indigentes,

Si desea colaborar como vuluntario o padrino puede hacerlo  http://obrasdelespiritusanto.org/como-ayudar/

O puede comunicarse al 2286 1717 o escríbanos al whatsapp 8367 7000

 

Viernes 15 de marzo es el Día de la Alegría

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Campaña: “Manos que dan, nunca estarán vacías”

 

Como parte de nuestra labor diaria en busca de llevar alimentos, abrigo, cuido, educación, albergue, evangelización, alegría,  amor y misericordia con los más necesitados, este viernes 15 de marzo estaremos  en las 7 provincias del país recibiendo donaciones de alimentos no perecederos.

Lo llamamos el “Día de la Alegría”, al saber que niños, jóvenes y adultos mayores sin distingo de nacionalidad y religión seguirán teniendo una esperanza de vida gracias a la colaboración del pueblo costarricense, de instituciones y empresas que se unen con gran solidaridad por forjar un mejor futuro y una sociedad más comprometida con los más vulnerables a la pobreza y olvido.

“Hoy más que nunca considero que la pobreza es quizás tan solo falta de oportunidades, por eso queremos brindarle a muchas personas la oportunidad de tener un pedacito de pan y algo más en su mesa cada día.” expresó el Pbro, Sergio Valverde

Cada mes la Asociación Obras del Espíritu Santo da atención a más de 70 mil beneficiarios, de los cuales 52 mil son niños, los siguientes productos, requiriendo así mensulamente:

7 toneladas de arroz
6.4 toneladas de frijoles
82.500 litros de leche
Entre otros alimentos como atunes, azúcar, sal, café, aceite, pastas, jugos, cereales, galletas, aceite, masa  e implementos de limpieza y de higiene personal, entre otros.

Es por eso que en la campaña con servidores,  personal administrativo y el Presbítero Sergio Valverde, Director de las Obras nos ubicamos en diversos puntos del país para recibir su donación en especie o en nuestras alcancías debidamente identificadas

Puntos de recolecta:

San José: Afueras de Teletica Canal 7
Alajuelita: Ferrertería Ferconce
Calle Blancos: Parroquia San Rafael

Alajuela: Terminal de Buses TUASA
Grecia: Autos Grecia y Canal Supér 5

San Carlos: Carnicería La Selecta

Heredia: Parque Central de Heredia

Cartago: Terminal de Buses LUMACA

Limón: Almacén El Colono en Guápiles

Puntarenas: Costado Noreste del Estadio Lito Pérez

Guanacaste: Nicoya: Autos Grecia

 

Quien no pueda desplazarse a alguno de los puntos de recaudación puede llevar su donación al edificio central en Cristo Rey o realizar un depósito en las cuentas bancarias

BCR: 15201001023412630
Banco Nacional: 15114210010004998
BAC San José: 10200009093941246

Scotiabank:    1300913500
En línea www.obrasdelespiritusanto.org/albergues

 

El dar con alegría llena el alma y trae bendiciones, sea parte de la vida de miles de niños, únase a nuestra campaña y démosle la esperanza de tener alimento, vestido, albergue, educación, lugares de cuido, atención médica, asesoría legal y espacios de recreación, pero sobre todo un espacio en nuestras vidas.

Para más información puede comunicarse a los teléfonos: 2286-5252 / 2286-1717 ext 132

WP: 8367-7000  FB:  Asociación Obras del Espíritu Santo o al correo info@obrasdelespiritusanto.org

 

Con el fin de mantener el comedor de una forma operativa óptima en el proceso de apertura y dando los últimos detalles hemos recibido la gran ayuda de la empresa Adobe Rent a car con la donación de materiales para dar alimento a niños y madres en alto riesgo social y pobreza extrema en la provincia de Puntarenas.

La Asociación atiende desde hace 8 años distintas zonas del puerto como PAdre Pío, El Roble, la zona roja, en atención de alimentación.

Agradecemos enormemente que empresas se unan en pro de la alimentación de los niños más necesitados, indicó Alvaro Quesada, encargado del Albergue.

Si usted desea ser colaborador y/o padrino puede comunicarse al 2286 1717 o al 2661 4003

 

El mensaje del Papa Francisco para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebrará el próximo 12 de mayo, IV Domingo de Pascua, bajo el título “La valentía de arriesgar por la promesa de Dios”.

En su mensaje, el Pontífice recuerda que la vocación es una invitación del Señor a implicarse en el camino que Él pensó para cada persona.

“Para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida”.

A continuación, el texto completo del mensaje del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber vivido, el pasado octubre, la vivaz y fructífera experiencia del Sínodo dedicado a los jóvenes, hemos celebrado recientemente la 34ª Jornada Mundial de la Juventud en Panamá. Dos grandes eventos, que han ayudado a que la Iglesia prestase más atención a la voz del Espíritu y también a la vida de los jóvenes, a sus interrogantes, al cansancio que los sobrecarga y a las esperanzas que albergan.

Quisiera retomar lo que compartí con los jóvenes en Panamá, para reflexionar en esta Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones sobre cómo la llamada del Señor nos hace portadores de una promesa y, al mismo tiempo, nos pide la valentía de arriesgarnos con él y por él. Me gustaría considerar brevemente estos dos aspectos, la promesa y el riesgo, contemplando con vosotros la escena evangélica de la llamada de los primeros discípulos en el lago de Galilea (Mc 1,16-20).

Dos parejas de hermanos –Simón y Andrés junto a Santiago y Juan–, están haciendo su trabajo diario como pescadores. En este trabajo arduo aprendieron las leyes de la naturaleza y, a veces, tuvieron que desafiarlas cuando los vientos eran contrarios y las olas sacudían las barcas. En ciertos días, la pesca abundante recompensaba el duro esfuerzo, pero otras veces, el trabajo de toda una noche no era suficiente para llenar las redes y regresaban a la orilla cansados y decepcionados.

Estas son las situaciones ordinarias de la vida, en las que cada uno de nosotros ha de confrontarse con los deseos que lleva en su corazón, se esfuerza en actividades que confía en que sean fructíferas, avanza en el “mar” de muchas posibilidades en busca de la ruta adecuada que pueda satisfacer su sed de felicidad. A veces se obtiene una buena pesca, otras veces, en cambio, hay que armarse de valor para pilotar una barca golpeada por las olas, o hay que lidiar con la frustración de verse con las redes vacías.

Como en la historia de toda llamada, también en este caso se produce un encuentro. Jesús camina, ve a esos pescadores y se acerca… Así sucedió con la persona con la que elegimos compartir la vida en el matrimonio, o cuando sentimos la fascinación de la vida consagrada: experimentamos la sorpresa de un encuentro y, en aquel momento, percibimos la promesa de una alegría capaz de llenar nuestras vidas.

Así, aquel día, junto al lago de Galilea, Jesús fue al encuentro de aquellos pescadores, rompiendo la «parálisis de la normalidad» (Homilía en la 22ª Jornada Mundial de la Vida Consagrada, 2 febrero 2018). E inmediatamente les hizo una promesa: «Os haré pescadores de hombres» (Mc 1,17).

La llamada del Señor, por tanto, no es una intromisión de Dios en nuestra libertad; no es una “jaula” o un peso que se nos carga encima. Por el contrario, es la iniciativa amorosa con la que Dios viene a nuestro encuentro y nos invita a entrar en un gran proyecto, del que quiere que participemos, mostrándonos en el horizonte un mar más amplio y una pesca sobreabundante.

El deseo de Dios es que nuestra vida no acabe siendo prisionera de lo obvio, que no se vea arrastrada por la inercia de los hábitos diarios y no quede inerte frente a esas elecciones que podrían darle sentido. El Señor no quiere que nos resignemos a vivir la jornada pensando que, a fin de cuentas, no hay nada por lo que valga la pena comprometerse con pasión y extinguiendo la inquietud interna de buscar nuevas rutas para nuestra navegación.

Si alguna vez nos hace experimentar una “pesca milagrosa”, es porque quiere que descubramos que cada uno de nosotros está llamado –de diferentes maneras–, a algo grande, y que la vida no debe quedar atrapada en las redes de lo absurdo y de lo que anestesia el corazón. En definitiva, la vocación es una invitación a no quedarnos en la orilla con las redes en la mano, sino a seguir a Jesús por el camino que ha pensado para nosotros, para nuestra felicidad y para el bien de los que nos rodean.

Por supuesto, abrazar esta promesa requiere el valor de arriesgarse a decidir. Los primeros discípulos, sintiéndose llamados por él a participar en un sueño más grande, «inmediatamente dejaron sus redes y lo siguieron» (Mc 1,18). Esto significa que para seguir la llamada del Señor debemos implicarnos con todo nuestro ser y correr el riesgo de enfrentarnos a un desafío desconocido; debemos dejar todo lo que nos puede mantener amarrados a nuestra pequeña barca, impidiéndonos tomar una decisión definitiva; se nos pide esa audacia que nos impulse con fuerza a descubrir el proyecto que Dios tiene para nuestra vida.

En definitiva, cuando estamos ante el vasto mar de la vocación, no podemos quedarnos a reparar nuestras redes, en la barca que nos da seguridad, sino que debemos fiarnos de la promesa del Señor.

Me refiero sobre todo a la llamada a la vida cristiana, que todos recibimos con el bautismo y que nos recuerda que nuestra vida no es fruto del azar, sino el don de ser hijos amados por el Señor, reunidos en la gran familia de la Iglesia. Precisamente en la comunidad eclesial, la existencia cristiana nace y se desarrolla, sobre todo gracias a la liturgia, que nos introduce en la escucha de la Palabra de Dios y en la gracia de los sacramentos; aquí es donde desde la infancia somos iniciados en el arte de la oración y del compartir fraterno.

La Iglesia es nuestra madre, precisamente porque nos engendra a una nueva vida y nos lleva a Cristo; por lo tanto, también debemos amarla cuando descubramos en su rostro las arrugas de la fragilidad y del pecado, y debemos contribuir a que sea siempre más hermosa y luminosa, para que pueda ser en el mundo testigo del amor de Dios.

La vida cristiana se expresa también en esas elecciones que, al mismo tiempo que dan una dirección precisa a nuestra navegación, contribuyen al crecimiento del Reino de Dios en la sociedad. Me refiero a la decisión de casarse en Cristo y formar una familia, así como a otras vocaciones vinculadas al mundo del trabajo y de las profesiones, al compromiso en el campo de la caridad y de la solidaridad, a las responsabilidades sociales y políticas, etc.

Son vocaciones que nos hacen portadores de una promesa de bien, de amor y de justicia no solo para nosotros, sino también para los ambientes sociales y culturales en los que vivimos, y que necesitan cristianos valientes y testigos auténticos del Reino de Dios.

En el encuentro con el Señor, alguno puede sentir la fascinación de la llamada a la vida consagrada o al sacerdocio ordenado. Es un descubrimiento que entusiasma y al mismo tiempo asusta, cuando uno se siente llamado a convertirse en “pescador de hombres” en la barca de la Iglesia a través de la donación total de sí mismo y empeñándose en un servicio fiel al Evangelio y a los hermanos.

Esta elección implica el riesgo de dejar todo para seguir al Señor y consagrarse completamente a él, para convertirse en colaboradores de su obra. Muchas resistencias interiores pueden obstaculizar una decisión semejante, así como en ciertos ambientes muy secularizados, en los que parece que ya no hay espacio para Dios y para el Evangelio, se puede caer en el desaliento y en el «cansancio de la esperanza» (Homilía en la Misa con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos, Panamá, 26 enero 2019).

Y, sin embargo, no hay mayor gozo que arriesgar la vida por el Señor. En particular a vosotros, jóvenes, me gustaría deciros: No seáis sordos a la llamada del Señor. Si él os llama por este camino no recojáis los remos en la barca y confiad en él. No os dejéis contagiar por el miedo, que nos paraliza ante las altas cumbres que el Señor nos propone. Recordad siempre que, a los que dejan las redes y la barca para seguir al Señor, él les promete la alegría de una vida nueva, que llena el corazón y anima el camino.

Queridos amigos, no siempre es fácil discernir la propia vocación y orientar la vida de la manera correcta. Por este motivo, es necesario un compromiso renovado por parte de toda la Iglesia –sacerdotes, religiosos, animadores pastorales, educadores– para que se les ofrezcan, especialmente a los jóvenes, posibilidades de escucha y de discernimiento. Se necesita una pastoral juvenil y vocacional que ayude al descubrimiento del plan de Dios, especialmente a través de la oración, la meditación de la Palabra de Dios, la adoración eucarística y el acompañamiento espiritual.

Como se ha hablado varias veces durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, debemos mirar a María. Incluso en la historia de esta joven, la vocación fue al mismo tiempo una promesa y un riesgo. Su misión no fue fácil, sin embargo, no permitió que el miedo se apoderara de ella. Su sí «fue el “sí” de quien quiere comprometerse y el que quiere arriesgar, de quien quiere apostarlo todo, sin más seguridad que la certeza de saber que era portadora de una promesa. Y yo les pregunto a cada uno de ustedes. ¿Se sienten portadores de una promesa? ¿Qué promesa tengo en el corazón para llevar adelante? María tendría, sin dudas, una misión difícil, pero las dificultades no eran una razón para decir “no”.

Seguro que tendría complicaciones, pero no serían las mismas complicaciones que se producen cuando la cobardía nos paraliza por no tener todo claro o asegurado de antemano» (Vigilia con los jóvenes, Panamá, 26 enero 2019).

En esta Jornada, nos unimos en oración pidiéndole al Señor que nos descubra su proyecto de amor para nuestra vida y que nos dé el valor para arriesgarnos en el camino que él ha pensado para nosotros desde la eternidad.