Como parte de nuestra labor diaria en busca de llevar alimentos, abrigo, cuido, educación, evangelización, alegría,  amor y misericordia con los más necesitados, cada día 15 o 16 del mes estamos en las 7 provincias del país recibiendo donaciones de alimentos no perecederos y económicas para los más de 70 mil beneficiarios de la Asociación Obras del Espíritu Santo.

Lo llamamos el “Día de la Alegría”, al saber que niños, jóvenes y adultos mayores sin distingo de nacionalidad y religión seguirán teniendo una esperanza de vida gracias a la colaboración del pueblo costarricense, de instituciones y empresas que se unen en gran solidaridad por forjar un mejor futuro y una sociedad más comprometida con los más vulnerables a la pobreza y olvido.

“Hoy más que nunca considero que la pobreza es quizás tan solo falta de oportunidades, por eso queremos brindarle a muchas personas la oportunidad de tener un pedacito de pan y algo más en su mesa cada día.” expresó el Pbro, Sergio Valverde

Por eso nuestro lema es “Nuestra meta no es pedir, ¡es construir!, ¿nos ayuda?”, con el que hacemos un llamado para que todos colaboremos con esta población en alto riesgo social.

Cada mes la Asociación necesita para la atención de sus 70 mil beneficiarios, de los cuales 52 mil son niños, los siguientes productos:

7 toneladas de arroz
6.4 toneladas de frijoles
82.500 litros de leche
Entre otros alimentos como atunes, azúcar, sal, café, pastas, jugos, cereales, galletas, aceite, masa  e implementos de limpieza y de higiene personal, entre otros.

Es por eso que  en nuestra campaña con servidores,  personal administrativo y el Presbítero Sergio Valverde, Director de las Obras nos ubicamos en diversos puntos del país para recibir su donación económica o en especie, como se detalla a continuación:

San José: Afueras de Teletica Canal 7
Alajuelita: Ferrertería Ferconce
Calle Blancos: Parroquia San Rafael
Alajuela: Terminal de Buses TUASA
Grecia: Autos Grecia y Canal Supér 5

San Carlos: Carnicería La Selecta – Barrio Hogar de Ancianos Ciudad Quesada
Heredia: Parque Central de Heredia
Cartago: Terminal de Buses LUMACA
Limón: Almacén El Colono en Guápiles
Puntarenas: Costado Noreste del Estadio Lito Pérez
Guanacaste: Nicoya: Autos Grecia

Cada servidor se identifica con alcancías y chalecos de color rojo con el logo de la Asociación.

Quien no pueda desplazarse a alguno de los puntos de recaudación puede llevar su donación al edificio central en Cristo Rey o realizar un depósito en las cuentas bancarias

BCR: 15201001023412630
Banco Nacional: 15114210010004998
BAC San José: 10200009093941246

Scotiabank:    1300913500
En línea www.obrasdelespiritusanto.org/albergues

El dar con alegría llena el alma y trae bendiciones, sea parte de la vida de miles de niños, únase a nuestra campaña y démosle la esperanza de tener alimento, vestido, albergue, educación, lugares de cuido, atención médica, asesoría legal y espacios de recreación, pero sobre todo un espacio en nuestras vidas.

Para más información puede comunicarse a los teléfonos: 2286-5252 / 2286-1717 ext 132

WP:  8367-7000  FB:  Asociación Obras del Espíritu Santo o al correo info@obrasdelespiritusanto.org

Fiesta a la Divina Misericordia

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Sumergidos en su insondable misericordia y clamando por nuestros pecados y por los del mundo entero celebramos la fiesta de l Divina Misericordia.

Entre cánticos. alabanzas, y enseñanzas el templo de la Parroquia de Cristo Rey se hizo sentir en el clamor del ´pueblo al celebrar la fiesta instaurada por el Papa Juan Pablo II. y celerbada en el mundo entero a las 3 p.m. en el segundo domingo de la Pascua.

“Si nuestros corazones se abren a la misericordia, si sellamos el perdón con un abrazo fraterno, proclamamos ante el mundo que es posible vencer el mal con el bien”, es el contenido del tuit difundido en la cuenta del Papa Francisco

También durante el rezo del Regina Coeli Francisco centró su reflexión en la misericordia e invitó a acercarse a Jesús Resucitado y tocar sus llagas que son fuente de misericordia y de perdón.

“Acerquémonos a Jesús y toquemos sus llagas en nuestros hermanos que sufren. Las llagas de Jesús son un tesoro, de ahí surge la misericordia. Seamos valientes y toquemos las llagas de Jesús. Con esas llagas Él está ante el Padre”.

También recordó que “con sus llagas, Jesús intercede ante el Padre. Nos da la misericordia a nosotros si nos acercamos e intercede por nosotros”.

Este domingo 28 de abril la Iglesia celebra la Fiesta de la Divina Misericordia, establecida por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos el 23 de mayo del 2000 por indicación de San Juan Pablo II, para que tenga lugar el Segundo Domingo de Pascua.

El objetivo de esta Fiesta es hacer llegar a los corazones de cada persona el mensaje de que Dios es Misericordioso y ama a todos.

En este día los fieles pueden obtener indulgencias plenarias y con el fin de celebrar apropiadamente esta festividad, se recomienda rezar la Coronilla de la Divina Misericordia.

Cerca de 40 jóvenes provenientes de la Universidad Hoy Trinity Academy Canadiense nos han visitado un año más como parte de su labor social.

Los canadienses realizaron diferentes labores entre ellas pintar parte de los aparcos de los animales del zoológico del Parque la Alegría Arca de Noé. Además de compartir actividades recreativas con los niños y los adultos mayores en alto riesgo social que atiende la AOES.

La permanencia de los jóvenes coincidió con las fechas de Semana Santa, por lo que también se unieron a las celebraciones del Viernes Santo y del Domingo de Resurrección en la caravana que organiza la AOES por las calles de San José y alrededores, en ella danzaron y cantaron alabanzas.

«Nuestra Asociación se ha convertido en un lugar de peregrinaje y como a ellos recibimos a mas jovenes de otras universidades que realizan su trabajo social, o peregrinos que vienen a vivir la realidad de nuestro país.» manifestó el director de la AOES; pbro. Sergio Valverde

 

Este domingo 28 de abril, nos uniremos a la Parroquia de Cristo Rey en celebración a  la fiesta de la Divina Misericordia.

Desde las 9 a.m. inicairemos con la celebración de la Santa Misa, a las 2 p.m. tarde de oración  y alabanza, a las 3 p.m. el rezo de la Coronilla a la Divina Misericordia y a las 5 p.m concluyendo con la Santa Misa.

En el 2002, Juan Pablo II estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con indulgencias, con las que se pueden beneficiar también los enfermos, navegantes de altamar o aquellos que por causa justa no puedan abandonar su casa o desempeñen una actividad impostergable. Ese mismo año, el Santo Padre viajó a Cracovia (Polonia) y en el Santuario de la Misericordia Divina consagró el mundo a Jesús de la Divina Misericordia.

“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”, fueron algunas de las palabras de su oración.

La providencia unió los caminos de San Juan Pablo II y Santa Faustina

En 1938, cuando el joven de 18 años, Karol Wojtyla, llegó a Cracovia para estudiar en la Universidad Jagiellonica, Sor Faustina ya tenía 33 años y vivía en un convento de la ciudad. La Santa falleció el 5 de octubre de aquel año, justo cuando el que sería Papa 40 años después empezaba el primer curso de filología polaca. Sobre Santa Faustina el Cardenal emérito Stanislao Dziwisz dijo:

“Santa Faustina era una monja extraordinaria, no tuvo educación, sin embargo, Cristo la llamó y le confió la misión de llevar el mensaje de la Divina Misericordia a todo el mundo. Es útil recordar sus palabras: ‘La humanidad no encontrará ni paz ni tranquilidad hasta que no se vuelva con confianza a Mi Divina Misericordia’ (…) Tal vez algún día la devoción a la misericordia divina se vuelva realidad, para que así podamos vivir en paz, tanto en Europa como en el mundo”, dijo el purpurado.

San Juan Pablo II, Santa Faustina: testimonios de la Divina Misericordia

San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia de aquel año.

El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, en el segundo domingo de Pascua, y el Papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también Fiesta de la Misericordia.

La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin principal hacer llegar a los corazones de cada persona el siguiente mensaje:

Dios es Misericordioso y nos ama a todos … «y cuanto más grande es el pecador, tanto más grande es el derecho que tiene a Mi misericordia»(Diario, 723).

El Papa Francisco alentó a seguir el ejemplo del Papa San Juan Pablo II y de Santa Faustina Kowalska, a quienes se refirió como “luminosos testimonios” de la Divina Misericordia y recordó algunas palabras del Papa Wojtyla escritas en su encíclica encíclica Dives in misericordia:

“Jesús, sobre todo con su estilo de vida y con sus acciones, ha demostrado cómo en el mundo en que vivimos está presente el amor, el amor operante, el amor que se dirige al hombre y abraza todo lo que forma su humanidad. Este amor se hace notar particularmente en el contacto con el sufrimiento, la injusticia, la pobreza; en contacto con toda la «condición humana» histórica, que de distintos modos manifiesta la limitación y la fragilidad del hombre, bien sea física, bien sea moral”.

Y citando a Santa Faustina Kowalska, Francisco dijo que en su diario anotó la siguiente exhortación que le hizo el mismo Señor Jesús: “Hija mía, observa mi corazón misericordioso y reproduce en tu corazón y en tus acciones su piedad, de modo que tú misma, proclames en el mundo mi misericordia inflamándola”.

San Oscar Romero: “Misericordia expresión más acabada del amor”

Mons. Oscar Romero, el 11 de junio de 1978 en su homilía, recordaba que la Misericordia es la expresión más acabada del amor. “El amor que se entrega, que es lástima, que es perdón, que es comprensión, que es justicia, que es entenderse con todos. Misericordia quiere decir, dijo, no el orgullo de los fariseos que desprecian a los marginados, sino la acogida del Dios que siendo riquísimo ha venido a buscar a los pobres; a quienes no quieren sentarse a comer con ellos. Misericordia es la bondad expresada en hechos, no en palabras”.

El significado de la misericordia, dijo el prelado, cada uno de los cristianos lo comprende mejor, “porque todos creo que hemos tenido algún pequeño acto de misericordia para otros, y sobre todo, hemos sido objeto de misericordia: Si Dios nos hubiera tenido misericordia cuando caímos en tantas culpas, dónde estuviéramos… Si Dios no tuviera misericordia de perdonamos antes de morir, adónde iríamos. Y tal vez en la relación humana, hemos tenido muchos gestos de misericordia dados por nosotros, o recibidos también por nosotros. Dichoso aquél que puede contar en su vida muchos actos de misericordia. ¡Eso es lo que quiere Dios!”

Fuente Vatican News

El Papa Francisco presidió este sábado 14 de abril en la Plaza de San Pedro del Vaticano, la solemne celebración litúrgica del Domingo de Ramos y de la Pasión del Señor.

El Santo Padre se dirigió, al inicio de la liturgia, al centro de la Plaza, donde se encuentra el obelisco de origen egipcio que presidía el antiguo circo romano donde murió el Apóstol San Pedro crucificado bocabajo, y allí bendijo las palmas y los ramos de olivo.

Tras la bendición, se dirigió al altar, situado frente a la fachada de la Basílica, para la celebración de la Misa.

A continuación, la homilía completa del Papa Francisco:

Las aclamaciones de la entrada en Jerusalén y la humillación de Jesús. Los gritos de fiesta y el ensañamiento feroz. Este doble misterio acompaña cada año la entrada en la Semana Santa, en los dos momentos característicos de esta celebración: la procesión con las palmas y los ramos de olivo, al principio, y luego la lectura solemne de la narración de la Pasión.

Dejemos que esta acción animada por el Espíritu Santo nos envuelva, para obtener lo que hemos pedido en la oración: acompañar con fe a nuestro Salvador en su camino y tener siempre presente la gran enseñanza de su Pasión como modelo de vida y de victoria contra el espíritu del mal.

Jesús nos muestra cómo hemos de afrontar los momentos difíciles y las tentaciones más insidiosas, cultivando en nuestros corazones una paz que no es distanciamiento, no es impasividad o creerse un superhombre, sino que es un abandono confiado en el Padre y en su voluntad de salvación, de vida, de misericordia; y, en toda su misión, pasó por la tentación de “hacer su trabajo” decidiendo él el modo y desligándose de la obediencia al Padre. Desde el comienzo, en la lucha de los cuarenta días en el desierto, hasta el final en la Pasión, Jesús rechaza esta tentación mediante la confianza obediente en el Padre.

También hoy, en su entrada en Jerusalén, nos muestra el camino. Porque en ese evento el maligno, el Príncipe de este mundo, tenía una carta por jugar: la carta del triunfalismo, y el Señor respondió permaneciendo fiel a su camino, el camino de la humildad.

El triunfalismo trata de llegar a la meta mediante atajos, compromisos falsos. Busca subirse al carro del ganador. El triunfalismo vive de gestos y palabras que, sin embargo, no han pasado por el crisol de la cruz; se alimenta de la comparación con los demás, juzgándolos siempre como peores, con defectos, fracasados… Una forma sutil de triunfalismo es la mundanidad espiritual, que es el mayor peligro, la tentación más pérfida que amenaza a la Iglesia (De Lubac). Jesús destruyó el triunfalismo con su Pasión.

El Señor realmente compartió y se regocijó con el pueblo, con los jóvenes que gritaban su nombre aclamándolo como Rey y Mesías. Su corazón gozaba viendo el entusiasmo y la fiesta de los pobres de Israel. Hasta el punto que, a los fariseos que le pedían que reprochara a sus discípulos por sus escandalosas aclamaciones, él les respondió: «Os digo que, si estos callan, gritarán las piedras» (Lc 19,40). Humildad no significa negar la realidad, y Jesús es realmente el Mesías, el Rey.

Pero al mismo tiempo, el corazón de Cristo está en otro camino, en el camino santo que solo él y el Padre conocen: el que va de la «condición de Dios» a la «condición de esclavo», el camino de la humillación en la obediencia «hasta la muerte, y una muerte de cruz» (Flp 2,6-8). Él sabe que para lograr el verdadero triunfo debe dejar espacio a Dios; y para dejar espacio a Dios solo hay un modo: el despojarse, el vaciarse de sí mismo. Callar, rezar, humillarse. Con la cruz no se puede negociar, o se abraza o se rechaza. Y con su humillación, Jesús quiso abrirnos el camino de la fe y precedernos en él.

Tras él, la primera que lo ha recorrido fue su madre, María, la primera discípula. La Virgen y los santos han tenido que sufrir para caminar en la fe y en la voluntad de Dios. Ante los duros y dolorosos acontecimientos de la vida, responder con fe cuesta «una particular fatiga del corazón» (cf. S. JUAN PABLO II, Carta enc. Redemptoris Mater, 17). Es la noche de la fe. Pero solo de esta noche despunta el alba de la resurrección.

Al pie de la cruz, María volvió a pensar en las palabras con las que el Ángel le anunció a su Hijo: «Será grande […]; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin» (Lc 1,32-33). En el Gólgota, María se enfrenta a la negación total de esa promesa: su Hijo agoniza sobre una cruz como un criminal. Así, el triunfalismo, destruido por la humillación de Jesús, fue igualmente destruido en el corazón de la Madre; ambos supieron callar.

Precedidos por María, innumerables santos y santas han seguido a Jesús por el camino de la humildad y la obediencia. Hoy, Jornada Mundial de la Juventud, quiero recordar a tantos santos y santas jóvenes, especialmente a aquellos “de la puerta de al lado”, que solo Dios conoce, y que a veces a él le gusta revelarnos por sorpresa.

Queridos jóvenes, no os avergoncéis de mostrar vuestro entusiasmo por Jesús, de gritar que él vive, que es vuestra vida. Pero al mismo tiempo, no tengáis miedo de seguirlo por el camino de la cruz. Y cuando sintáis que os pide que renunciéis a vosotros mismos, que os despojéis de vuestras seguridades, que os confiéis por completo al Padre que está en los cielos, entonces alegraos y regocijaos. Estáis en el camino del Reino de Dios.

Aclamaciones de fiesta y furia feroz; el silencio de Jesús en su Pasión es impresionante. Vence también a la tentación de responder, de ser “mediático”. En los momentos de oscuridad y de gran tribulación hay que callar, tener el valor de callar, siempre que sea un callar manso y no rencoroso. La mansedumbre del silencio hará que parezcamos aún más débiles, más humillados, y entonces el demonio, animándose, saldrá a la luz. Será necesario resistirlo en silencio, “manteniendo la posición”, pero con la misma actitud que Jesús.

Él sabe que la guerra es entre Dios y el Príncipe de este mundo, y que no se trata de poner la mano en la espada, sino de mantener la calma, firmes en la fe. Es la hora de Dios. Y en la hora en que Dios baja a la batalla, hay que dejarlo hacer. Nuestro puesto seguro estará bajo el manto de la Santa Madre de Dios. Y mientras esperamos que el Señor venga y calme la tormenta (cf. Mc 4,37-41), con nuestro silencioso testimonio en oración, nos damos a nosotros mismos y a los demás razón de nuestra esperanza (cf. 1 P 3,15). Esto nos ayudará a vivir en la santa tensión entre la memoria de las promesas, la realidad del ensañamiento presente en la cruz y la esperanza de la resurrección.