IMG_6650

Ha sido por 12 años la visita de los jóvenes Canadienses del Cadbury Collage que llegan a nuestra Asociación para unirse con total esmero, dedicación y amor en una misma causa: ayudar con amor y alegría.

Durante una semana los 40 jóvenes entre 16 y 23 años realizan distintas actividades en pro de ayuda a la Asociación Obras del Espíritu Santo, para que esta pueda a su vez tener durante esos días una gran ayuda en sus labores diarias. Fue así como los jóvenes se dedicaron a mejorar las instalaciones del Centro Educativo la Alegría, donde pintaron un mural, colaboraron en las áreas de bodegas, compartieron con los pequeños y jóvenes beneficiarios y de la comunidad reqalizando actividades recreativas y educativas, así como se unieron a la labor de los servidores de la AOES en las noches de repartición de alimento en las zonas de indigencia y pobreza del país.

Fue también en esta misma semana cuando por segundo año consecutivo hemos recibido de igual manera a un grupo de 20 jóvenes estadounidenses quienes han puesto su labor social en representación de la Universidad Kennesaw de Georgia, asistiendo en labores del centro de cuido de niños, restauración del Parque la Alegría Arca de Noé, así como de igual manera nos han acompañado en parte de nuestras labores en la repartición de alimentos como fue en el precario “Gracias a Dios”. siendo en esa misma tarde que se ha manifestado como un peregrinar de extranjeros unidos por una misma causa al llegar tres japoneses: Mary Maruyama, Kenta Akaro y Ayaka Himeno, que habían llegado con referencia a conocer de nuestra labor.

Su legado nos llena de bendición pues en cada rostro de un niño, un jóven, anciano,ha quedado el cariño, la alegría, la solidaridad de darse sin importar desde que distancia se han conocido, rompiendo la barrera del idioma en un sincero abrazo.

Este próximo domingo 08 de abril, celebraremos la Fiesta a la Divina Misericordia.

En una tarde de oración, prédica y alabanza, nos sumergiremos en el insondable corazón de Jesús de la Misericordia. Así como recorreremos varios de los precarios de la comunidad para compartir alimento y la palabra de Dios con las familias.

Daremos inicio a la 1 p.m. en el Templo de la Parroquia de Cristo Rey, sede central de la Asociación Obras del Espíritu Santo.

Porque para siempre es su misericordia.

La fiesta de la Divina Misericordia:
Fiesta de la Divina Misericordia
En el año 2000 el Papa San Juan Pablo II canonizó a Santa Faustina y durante la ceremonia declaró que cada segundo domingo de Pascua se celebraría en toda la Iglesia el Domingo de la Divina Misericordia.

Conozca aquí todo lo que hizo el Papa peregrino para propagar esta devoción.

En 1967, el entonces Cardenal Karol Wojtyla presidió la sesión solemne que puso punto final al proceso informativo diocesano para recopilar todos los datos y testimonios sobre la vida y obra de Santa María Faustina Kowalska.

Las actas del proceso fueron enviadas a Roma para que se abra el proceso de beatificación de la vidente del Señor de la Divina Misericordia.

Más adelante el Papa Juan Pablo II beatificó (1993) y canonizó (2000) a Santa Faustina, justamente en el segundo domingo de Pascua de ambos años.

“Y tú, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, concédenos percibir la profundidad de la misericordia divina, ayúdanos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos”, dijo el Papa en la canonización de su compatriota polaca.

Años antes, en 1980, San Juan Pablo II, ya había publicado su carta encíclica titulada “Dives in Misericordia”, sobre la misericordia divina, en la que anima a los fieles a regresar la mirada al misterio del amor misericordioso de Dios.

“Es conveniente ahora que volvamos la mirada a este misterio: lo están sugiriendo múltiples experiencias de la Iglesia y del hombre contemporáneo; lo exigen también las invocaciones de tantos corazones humanos, con sus sufrimientos y esperanzas, sus angustias y expectación”, escribió.

El 30 de abril de 2000, el Papa proclamó el segundo domingo de Pascua como el “Domingo de la Misericordia Divina” para todo el mundo.

En el 2002, el Pontífice estableció que el “Domingo de la Misericordia Divina” se enriquezca con indulgencias, con las que se pueden beneficiar también los enfermos, navegantes de altamar o aquellos que por causa justa no puedan abandonar su casa o desempeñen una actividad impostergable.

Ese mismo año, el Santo Padre viajó a Cracovia (Polonia) y en el Santuario de la Misericordia Divina consagró el mundo a Jesús de la Divina Misericordia.

“Dios, Padre misericordioso, que has revelado tu amor en tu Hijo Jesucristo y lo has derramado sobre nosotros en el Espíritu Santo, Consolador, te encomendamos hoy el destino del mundo y de todo hombre”, fueron algunas de las palabras de su oración.

San Juan Pablo II murió el 2 de abril de 2005, la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia de aquel año, Fiesta de la Misericordia que él instituyó siguiendo el pedido de Jesucristo a Santa Faustina.

El Papa Benedicto XVI beatificó a Juan Pablo II el 1 de mayo de 2011, en el segundo domingo de Pascua, y el Papa Francisco lo canonizó el 27 de abril de 2014, también Fiesta de la Misericordia. Fuente: Aci Prensa

https://www.aciprensa.com/noticias/san-juan-pablo-ii-el-gran-devoto-de-la-divina-misericordia-71976

Semana Santa un tiempo para nuestro espíritu

Publicado el

El recorrido durante esta Semana Santa nos lleva a recordar el amor y la misericordia de Dios con sus hijos.
Podremos vivirlo como un tiempo para nuestro espíritu, en el donde mora nuestra escencia como ser humano.
Quizás es…

Tu tiempo para perdonar y/o perdonarte
Tu tiempo para compartir la mesa con quienes más necesitan
Tu tiempo para dejar de juzgar y ofrecer tu ayuda
Tu tiempo para enjugar las lágrimas de tus hijos o tus padres
Tu tiempo para meditar sobre el camino que llevas recorriendo
Tu tiempo para entregarle a Dios lo que hay en ti
Tu tiempo para contemplar a qien dió la vida por ti
Tu tiempo para sentir el amor y el dolor que habita en un corazón
Tu tiempo para levantarte de donde estés
Tu tiempo para decirle al mundo pero sobre todo a ti mismo que hay un Dios y que con él, de su mano, y en su casa vivirás.

Acompáñenos en esta Semana Santa en las celebraciones realizadas en nuestra Parroquia de Cristo Rey y en la Filial Nuestra Señora de Fátima:

Lunes Santo 26 de marzo
10 a.m. Actividades infantiles
5 p.m. Confesiones
6:30 Santa Eucaristía
7 p.m. Vía Crucis

Martes Santo 27 de marzo
10 a.m. Actividades infantiles
6:30 Santa Eucaristía
7:30 Proyección película La Pasión.

Miércoles Santo 28 de marzo
10 a.m. Actividades Infantiles
3 p.m. Vía Crucis Juvenil
7 p.m. Santa Eucaristía
8 p.m. Procesión con la imagen de la Preciosa Sangre de Cristo

Jueves Santo 29 de marzo
6 p.m. Misa Vespertina de la Cena del Señor Filial,
12: Reserva del Santísimo Sacramento del Altar
8 p.m. Misa de la Cena del Señor
11 p.m. Procesión del Silencio

Viernes Santo 30 de marzo
9:30 a.m. Procesión del Santo Encuentro
3 p.m. Liturgia de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo
8 p.m. Procesión del Santo Entierro

Sábado Santo 31 de marzo
8 p.m. Vigilia Pascual

Domingo de Resurrección

9 .a.m y 5.30 p.m. Santa Eucaristía fondo3
Viernes Santo

Mensaje de Cuaresma

Publicado el

“Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría”

Queridos hermanos y hermanas:

Una vez más nos sale al encuentro la Pascua del Señor. Para prepararnos a recibirla, la Providencia de Dios nos ofrece cada año la Cuaresma, «signo sacramental de nuestra conversión»,[1] que anuncia y realiza la posibilidad de volver al Señor con todo el corazón y con toda la vida.

Como todos los años, con este mensaje deseo ayudar a toda la Iglesia a vivir con gozo y con verdad este tiempo de gracia; y lo hago inspirándome en una expresión de Jesús en el Evangelio de Mateo: «Al crecer la maldad, se enfriará el amor en la mayoría» (24,12).

Esta frase se encuentra en el discurso que habla del fin de los tiempos y que está ambientado en Jerusalén, en el Monte de los Olivos, precisamente allí donde tendrá comienzo la pasión del Señor. Jesús, respondiendo a una pregunta de sus discípulos, anuncia una gran tribulación y describe la situación en la que podría encontrarse la comunidad de los fieles: frente a acontecimientos dolorosos, algunos falsos profetas engañarán a mucha gente hasta amenazar con apagar la caridad en los corazones, que es el centro de todo el Evangelio.

Los falsos profetas

Escuchemos este pasaje y preguntémonos: ¿qué formas asumen los falsos profetas?

Son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad.

Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido. Estos estafadores no sólo ofrecen cosas sin valor sino que quitan lo más valioso, como la dignidad, la libertad y la capacidad de amar. Es el engaño de la vanidad, que nos lleva a pavonearnos… haciéndonos caer en el ridículo; y el ridículo no tiene vuelta atrás. No es una sorpresa: desde siempre el demonio, que es «mentiroso y padre de la mentira» (Jn 8,44), presenta el mal como bien y lo falso como verdadero, para confundir el corazón del hombre. Cada uno de nosotros, por tanto, está llamado a discernir y a examinar en su corazón si se siente amenazado por las mentiras de estos falsos profetas. Tenemos que aprender a no quedarnos en un nivel inmediato, superficial, sino a reconocer qué cosas son las que dejan en nuestro interior una huella buena y más duradera, porque vienen de Dios y ciertamente sirven para nuestro bien.

Un corazón frío

Dante Alighieri, en su descripción del infierno, se imagina al diablo sentado en un trono de hielo;[2] su morada es el hielo del amor extinguido. Preguntémonos entonces: ¿cómo se enfría en nosotros la caridad? ¿Cuáles son las señales que nos indican que el amor corre el riesgo de apagarse en nosotros?

Lo que apaga la caridad es ante todo la avidez por el dinero, «raíz de todos los males» (1 Tm 6,10); a esta le sigue el rechazo de Dios y, por tanto, el no querer buscar consuelo en él, prefiriendo quedarnos con nuestra desolación antes que sentirnos confortados por su Palabra y sus Sacramentos.[3] Todo esto se transforma en violencia que se dirige contra aquellos que consideramos una amenaza para nuestras «certezas»: el niño por nacer, el anciano enfermo, el huésped de paso, el extranjero, así como el prójimo que no corresponde a nuestras expectativas.

También la creación es un testigo silencioso de este enfriamiento de la caridad: la tierra está envenenada a causa de los desechos arrojados por negligencia e interés; los mares, también contaminados, tienen que recubrir por desgracia los restos de tantos náufragos de las migraciones forzadas; los cielos —que en el designio de Dios cantan su gloria— se ven surcados por máquinas que hacen llover instrumentos de muerte.

El amor se enfría también en nuestras comunidades: en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium traté de describir las señales más evidentes de esta falta de amor. estas son: la acedia egoísta, el pesimismo estéril, la tentación de aislarse y de entablar continuas guerras fratricidas, la mentalidad mundana que induce a ocuparse sólo de lo aparente, disminuyendo de este modo el entusiasmo misionero.[4]

¿Qué podemos hacer?

Si vemos dentro de nosotros y a nuestro alrededor los signos que antes he descrito, la Iglesia, nuestra madre y maestra, además de la medicina a veces amarga de la verdad, nos ofrece en este tiempo de Cuaresma el dulce remedio de la oración, la limosna y el ayuno.

El hecho de dedicar más tiempo a la oración hace que nuestro corazón descubra las mentiras secretas con las cuales nos engañamos a nosotros mismos,[5] para buscar finalmente el consuelo en Dios. Él es nuestro Padre y desea para nosotros la vida.

El ejercicio de la limosna nos libera de la avidez y nos ayuda a descubrir que el otro es mi hermano: nunca lo que tengo es sólo mío. Cuánto desearía que la limosna se convirtiera para todos en un auténtico estilo de vida. Al igual que, como cristianos, me gustaría que siguiésemos el ejemplo de los Apóstoles y viésemos en la posibilidad de compartir nuestros bienes con los demás un testimonio concreto de la comunión que vivimos en la Iglesia. A este propósito hago mía la exhortación de san Pablo, cuando invitaba a los corintios a participar en la colecta para la comunidad de Jerusalén: «Os conviene» (2 Co 8,10). Esto vale especialmente en Cuaresma, un tiempo en el que muchos organismos realizan colectas en favor de iglesias y poblaciones que pasan por dificultades. Y cuánto querría que también en nuestras relaciones cotidianas, ante cada hermano que nos pide ayuda, pensáramos que se trata de una llamada de la divina Providencia: cada limosna es una ocasión para participar en la Providencia de Dios hacia sus hijos; y si él hoy se sirve de mí para ayudar a un hermano, ¿no va a proveer también mañana a mis necesidades, él, que no se deja ganar por nadie en generosidad?[6]

El ayuno, por último, debilita nuestra violencia, nos desarma, y constituye una importante ocasión para crecer. Por una parte, nos permite experimentar lo que sienten aquellos que carecen de lo indispensable y conocen el aguijón del hambre; por otra, expresa la condición de nuestro espíritu, hambriento de bondad y sediento de la vida de Dios. El ayuno nos despierta, nos hace estar más atentos a Dios y al prójimo, inflama nuestra voluntad de obedecer a Dios, que es el único que sacia nuestra hambre.

Querría que mi voz traspasara las fronteras de la Iglesia Católica, para que llegara a todos ustedes, hombres y mujeres de buena voluntad, dispuestos a escuchar a Dios. Si se sienten afligidos como nosotros, porque en el mundo se extiende la iniquidad, si les preocupa la frialdad que paraliza el corazón y las obras, si ven que se debilita el sentido de una misma humanidad, únanse a nosotros para invocar juntos a Dios, para ayunar juntos y entregar juntos lo que podamos como ayuda para nuestros hermanos.

El fuego de la Pascua

Invito especialmente a los miembros de la Iglesia a emprender con celo el camino de la Cuaresma, sostenidos por la limosna, el ayuno y la oración. Si en muchos corazones a veces da la impresión de que la caridad se ha apagado, en el corazón de Dios no se apaga. Él siempre nos da una nueva oportunidad para que podamos empezar a amar de nuevo.

Una ocasión propicia será la iniciativa «24 horas para el Señor», que este año nos invita nuevamente a celebrar el Sacramento de la Reconciliación en un contexto de adoración eucarística. En el 2018 tendrá lugar el viernes 9 y el sábado 10 de marzo, inspirándose en las palabras del Salmo 130,4: «De ti procede el perdón». En cada diócesis, al menos una iglesia permanecerá abierta durante 24 horas seguidas, para permitir la oración de adoración y la confesión sacramental.

En la noche de Pascua reviviremos el sugestivo rito de encender el cirio pascual: la luz que proviene del «fuego nuevo» poco a poco disipará la oscuridad e iluminará la asamblea litúrgica. «Que la luz de Cristo, resucitado y glorioso, disipe las tinieblas de nuestro corazón y de nuestro espíritu»,[7] para que todos podamos vivir la misma experiencia de los discípulos de Emaús: después de escuchar la Palabra del Señor y de alimentarnos con el Pan eucarístico nuestro corazón volverá a arder de fe, esperanza y caridad.

Los bendigo de todo corazón y rezo por ustedes. No se olviden de rezar por mí.
Cuaresma2018Papa Francisco

Hemos recibido con gran alegría en la Asociación Obras del Espíritu Santo al señor John Calvin Maxwell, escritor, coach y conferencista internacional que ha escrito más de 80 libros enfocados al tema del liderazgo.

La visita y acciones realizadas en nuestro país por medio de su fundación “Mejoremos Costa Rica”, contó con la presencia de sus coaching de todo el mundo, quienes pudieron compartir con nuestros beneficiarios y vecinos de la comunidad de Cristo Rey.

En nuestro comedor Belén Casa del Pan, fueron recibidos por más de 200 personas a quienes ellos mismos también se dispusieron para servirles el almuerzo y compartir distintas experiencias.

Así mismo la alegría y el amor fue manifiesto al compartir y escuchar la canción “Gracias a ti” de parte de los niños y niñas de nuestra Asociación.

Durante el recorrido por las instalaciones de nuestra sede en San José, pudieron visitar la cancha de futbol 5, el Centro de Cuido, los Albergues, el Parque de la Alegría Arca de Noé, así como conocer de los programas de acción social que llevamos dentro y fuera del país, para así también buscar modelos replicables en otros sitios y en la unión recíproca de los líderes y encargados de AOES por trabajar temas importantes y necesarios en comunidades en riesgo social.

29134095_1625087917578919_8849037749785722880_n